Tu cabeza explotaría como una bomba atómica. En realidad, como 2,800 bombas semejantes a la que se
lanzó sobre Hiroshima, considerando que el puño del hombre de acero
viajara a la velocidad de la luz y que el peso de su mano fuese de 300g
(el peso promedio de una mano humana).
Además, el golpe provocaría una temperatura de 80
billones de grados Kelvin (5 millones de veces más caliente que el Sol).
Todo quedaría completamente destruido en un diámetro de 1 kilómetro y
más de 200 metros bajo la superficie.












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